viernes, 19 de junio de 2015

Qué es un "medio-nerd", y por qué son las personas más deseables del orbe


Primero, se me ocurrió la designación semi-nerd para emplearla como el concepto eje de esta entrada pero, después de un rápido googlazo, vi que ya existía, y que tenía un uso muy específico: el "cerebrito" que procura involucrarse en cosas "cool" para que ya no se lo agarren de barquito, como hacer deportes para ponerse mamado, o ser parte de una banda de rock para conseguir morras. Luego, pensé en la palabra cuasi-nerd, pero también estaba tomada: alude a todos los geeks, gamers o freakies preocupados por divertirse bajo sus términos y pasársela poca madre (fumando mariguana, echando las chelas y comiendo papitas mientras ven la última temporada de Game of Thrones, por ejemplo), los cuales gustan de formar clubes con el fin de generar sus propios ecosistemas, destacando y siendo laureados gracias a sus habilidades especiales, como ser campeones del Super Smash Bros. online a nivel Latinoamérica, saberse de memoria todas las referencias a la cultura pop norteamericana que han salido en Los Simpsons, o ser especialistas en Cortázar y Wes Anderson (sí, en ellos dos, y nada más). Pero no, no era ese tipo de individuos al que tenía en mente. No señor: para un medio-nerd, las personas que responden a las anteriores denominaciones le resultan demasiado ñoñas y hasta un poco patéticas, blancos potenciales de suplicios como el calzón chino o una tanda de zapes manchados.

Pongámoslo así: de existir un punto medio entre el abusón/vivillo/galanzón de la cuadra o de la escuela, y el estereotípico ratón de biblioteca/cuatro-ojos/esclavo de las computadoras, ese sería el medio-nerd, no hay más ¿Es esta quimera de ensueño susceptible de ser real, o posible siquiera? Oh sí... sí que lo es -¡los he visto con mis propios ojos!-, aunque suelen ser especímenes humanos bastante raros y difíciles de encontrar, tanto como el mítico monstruo de un solo ojo de la Polinesia, o el "patas de bola", pariente de Sasquatch y del Yeti. La cuestión emerge naturalmente: ¿cómo podemos darnos cuenta de que estamos frente a un medio-nerd? Bueno, aquí les van algunas pistas. 

Comencemos por la procedencia del medio-nerd, su origen más probable: son individuos que nacieron en familias de clase media baja o baja (aunque no necesariamente: también existen algunos fresas y jípiris-nice que "se la saben bien cabrón", aunque casi siempre fueron outsiders en su propio contexto), lo cual los colocó de entrada en una situación poco favorable, carentes de muchos privilegios, tendiendo que vérselas cara a cara con la adversidad y los aspectos poco amables de la vida, lo cual, de alguna manera, ayudó a estimular su inteligencia, capacitándolos para la resolución de problemas en todos los ámbitos. Añadido a esto -por fortuna o por venia de quién sabe cuál espíritu protector o de algún dios buen pedo-, tuvieron la oportunidad de recibir una educación de nivel superior en alguna institución educativa gratuita o de muy bajo costo, en donde encontraron, en el refinamiento cultural y la adquisición de conocimiento, el complemento perfecto a la sabiduría práctica obtenida a través de su ríspido día-con-día. 

Ahí les va otra: los medio-nerds por lo general no suelen ser violentos, aunque, cuando son provocados, hostigados o agredidos, saben responder: en pocas palabras, "no le corren a los putazos". En sus etapas más tempranas, fueron niños y adolescentes que, por su destacada labor académica, no se libraron del bullying nuestro de cada día, pero, debido en gran parte a la lucha por la sobrevivencia, y en menor medida al placer culposo de la crueldad contra el prójimo, ejercieron los rituales de la cábula (es un pedo como la Cábala, pero más esotérico todavía) y el gandallismo sobre otros incautos iguales a ellos, aprendiendo, al terminar el proceso iniciático de la secundaria y de la preparatoria, a usar ese poder destructivo sólo en defensa propia, sin alevosía ni ventaja sobre los indefensos y los nobles, y sobre todo, tratando de no ofender o lastimar a nadie que no lo merezca, tal y como el Maestro Yoda, el Señor Miyagi y el Tío Ben se han empeñado en enseñarnos en todas sus películas. No obstante, los medio-nerds no muestran piedad con los "pasados de verga", se les van encima cuando los detectan y no los sueltan. He allí uno de los puntos principales que diferencia a un nerd de pura cepa -de casta, de sangre azul-, de un medio-nerd: la capacidad de poder "parar de culo" a otra persona, es decir, de ejercer el uso legítimo de la violencia.       

Otra característica importante que distingue a un medio-nerd es su inteligencia social, a diferencia de los nerds puros y de su otro extremo, los douchebags o patanes, que no tienen puta idea de nada. Un medio-nerd resulta una especie de camaleón al interactuar con la gente; es alguien que, gracias a su agudo sentido de la observación del entorno, es capaz de aprender los usos y costumbres de cualquier círculo social, y de sortear las dificultades que surgen en los contextos más variados, convirtiéndose así en un maestro de los protocolos y las formas. Fue alguien que leyó a Wittgenstein a profundidad y que creció viendo las películas de Mauricio Garcés y las de ficheras de los setentas, por lo cual, por poner un ejemplo, suele emplear argot "chaka" o "ñero" en los rincones más inhóspitos y peligrosos de la ciudad para pasar desapercibido y que no lo asalten o lo violen, y, en la misma medida, sabe comportarse con propiedad en cualquier evento o banquete de la alta sociedad, deleitando incluso a los comensales con su carisma y su buen gusto. 

Siendo personas relativamente sensibles a lo que les rodea, los medio-nerds han aprendido a experimentar con singular intensidad los instantes poéticos que ofrece la vida -los lenguajes del silencio y del ruido ensordecedor, la majestuosa vista nocturna de las megalópolis, el sentimiento de lo sublime frente a la naturaleza, los deleites de la intimidad sexual; en pocas palabras, la apreciación estética del mundo-, pero les repugna la clavadez intelectualoide y el pseudo-activismo de izquierda que pululan en las universidades y los círculos artísticos. No es extraño observar a un medio-nerd notablemente sorprendido por los chispazos de genialidad presentes en las jugadas de Luis Suárez o en los chistes de Polo-Polo.

Si debemos de nombrar algún tipo de ejercicio o de virtud que distinga y le guste cultivar al medio-nerd, ésta es, sin duda, el arte de la improvisación. La espontaneidad es su campo de acción, el ingenio su arma, y la rigidez su enemigo mortal. El correcto manejo y control de las situaciones que se le presentan depende de la rapidez de respuesta de su razonamiento en relación con sus interacciones sociales. Naturalmente dotado para la retórica y la agudeza crítica, comparte el deseo de Jep Gambardella en La Grande Bellezza consistente en, una vez que se ha logrado ser el alma de las fiestas, tener, al mismo tiempo, el poder de hacerlas fracasar. Sabe que la ironía no es equivalente al sarcasmo fácil (i.e., decir lo contrario de lo que en realidad se piensa para demostrar superioridad), sino que ésta se sitúa en las borrosas lindes de lo real y lo aparente, allí donde las risas nerviosas y el sentimiento de incomodidad habitan, por ser, en más de una ocasión, él mismo -y cualquier otro que se le atraviese- objeto de su propio escarnio. Un medio-nerd carente de sentido del humor es prácticamente un oxímoron.

En tanto cultivador del arte de la improvisación, al medio-nerd se le da muy bien el arte de la seducción, lo cual no es si no otra manera de improvisar sobre la marcha. Cabe aclarar que sus dotes seductores no sólo se restringen al ámbito erótico, sino a muchos otros: puede emplear la seducción para hacer relaciones públicas e ir escalando socialmente, obtener buenos puestos de trabajo, penetrar en un círculo social que antes le era ajeno, y en general, conseguir lo que desea. Un medio-nerd se conoce -en la medida de lo posible- muy bien a sí mismo; por ende, de alguna manera es capaz de intuir hacia donde se dirigen las intenciones del otro, y seguir ese cauce de inmediato. Suele etiquetar -sí, todos etiquetamos a los otros al principio, no nos hagamos pendejos- y situar a las personas entre dos polos imaginarios: los "transparentes" y los "opacos". Los "transparentes" son, para los medio-nerds, sujetos muy sencillos de leerse: sus movimientos, actitudes y decisiones les resultan demasiado predecibles, siendo fácil lidiar con ellos y, cuando la situación así lo amerita, sacarles provecho. Los "opacos", bueno... pues son todo lo contrario, y es muy posible que también sean medio-nerds.

A los medio-nerds les encanta el disfrute de lo dionisíaco, la pachanga, el relajo; sin embargo, procuran asistir a pocas fiestas y reuniones, ya que odian el barullo de las multitudes y la insoportable levedad del small talk. Son coquetos sin llegar a ser descarados, sexosos pero no vulgares. Su táctica de ligue se basa en sostener conversaciones estimulantes, juegos de miradas e insinuaciones; no obstante, cuando la situación lo amerita, son capaces de atrevimientos insospechados. Les gusta disfrutar de los ritmos guapachosos y los bailes "pegaditos", lo cual les proporciona oportunidades claras para el flirteo y el arrumaco. Los medio-nerds se distinguen por ser una especie de vehículos todo terreno en el ámbito de la vida social: no suelen ser gente de antros ruidosos o de pedas masivas, pero tampoco rehuyen de éstas cuando andan en un mood más locochón o más cachondo; por lo general frecuentan cantinas viejitas, chelerías, salas de cine y cafeterías (o sea, los lugares clichés de cualquier hipster, aunque, hay que decirlo con todas sus letras: no todo hipster es medio-nerd, ni todo medio-nerd es hipster), sin embargo, en la misma medida, son fans de comer en el puesto de tacos de la esquina o de recorrer los tianguis y mercados populares en búsqueda de un tepache bien frío, la bebida de los dioses.                

Desde luego, esta clasificación no se restringe únicamente al género masculino (¡faltaba más, imagínense qué horror!): las mujeres medio-nerds son, por lo menos desde mi condición heterosexual, una verdadera delicia cuando uno llega a frecuentarlas, la crème de la crème de las relaciones sentimentales. También conozco a algunos medio-nerds homosexuales -hombres y mujeres-, quienes poseen una gran inteligencia, una inusual sensibilidad y, quizás lo más especial, una gracia innata aderezada con un ágil sentido del humor que los convierte en las personas más carismáticas del planeta. Desafortunadamente no conozco a ningún medio-nerd transgénero, pero han de ser poca madre.

¿Necesito dar más razones para desear la compañía constante de l@s medio-nerds y tratar de convertirl@s en nuestr@s amantes, novi@s o espos@s (o, si nos ponemos menos románticos, en nuestr@s colegas, aliad@s y amig@s)? No lo creo, sinceramente. De cualquier modo, me parece que debería de seguir escribiendo más entradas sobre las marcas distintivas del medio-nerd, porque conozco a much@s y muy variad@s, y la totalidad de sus características de ninguna manera se agotan en este texto. Pero la verdá ahorita ya me dio medio-hueva, así que hasta aquí le dejamos, ya estuvo suave. Besitos a todos, se me cuidan.    

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